Entonces Manuela e Irene atravesaron la puerta y aparecieron en el hall de una gran mansión, con grandes lamparones, infinitas puertas hacia infinitos lugares y sin seña alguna de hacia dónde deberían ir para salir de aquel lugar.
- Irene: Mierda.
- Manuela: Por una vez hemos pensado lo mismo.
- Irene: ¿Estás pensando en la tranca de Nacho Vidal?
- Manuela: Olvídalo... Bien, ¿tú qué opinas?
- Irene: Que la crisis se está cargando el mundo.
- Manuela: ¡Que por dónde irías tú!
- Irene: ¡Ah! Pues yo que sé... Probemos por la puerta de la izquierda, y vamos alternando.
- Manuela: No queda otra que ir una a una.
- Irene: Sí, hija, sí.
- Irene: Mierda.
- Manuela: Por una vez hemos pensado lo mismo.
- Irene: ¿Estás pensando en la tranca de Nacho Vidal?
- Manuela: Olvídalo... Bien, ¿tú qué opinas?
- Irene: Que la crisis se está cargando el mundo.
- Manuela: ¡Que por dónde irías tú!
- Irene: ¡Ah! Pues yo que sé... Probemos por la puerta de la izquierda, y vamos alternando.
- Manuela: No queda otra que ir una a una.
- Irene: Sí, hija, sí.