Capítulo 7: El comienzo de todo

Mientras, Manuela estaba en el monte investigando por su ordenador si la piedra que había encontrado tenía algún origen conocido.

- Manuela: Veamos qué tenemos por aquí. "Piedras que caen del cielo", "piedras con efectos diversos"... Nada (mirando la piedra de reojo). Sea lo que sea, esta piedra está hecha del mismo material que me dio mis poderes, y sin embargo parece haber cambiado su función. El caso es, ¿por qué?
- Toñi: ¿Quizás estás buscando demasiado y lo tienes en tus narices?
- Manuela (soltándole un puñetazo del susto): ¡Ah!
- Toñi: ¿Qué haces niña?
- Manuela: ¿Y tú? Me has asustado.
- Toñi: He quedado aquí con tu madre, vamos a ver una película de amor en mi casa.
- Manuela: Sí, ya, de amor...
- Toñi: ¿Quieres mi opinión sobre la piedra o no?
- Manuela: A ver, suelta.

Irene aterrizaba en esos instantes en el monte, asustando a unas cabras en el proceso, y esperaba al oírlas hablar.

- Irene (cayendo a lo bestia): ¡Ah! ¡Esto va a doler cuando vuelva a ser humana! A ver qué dicen estas guarrillas...
- Toñi: ¿Qué es lo que más querías hace unos días, durante los acontecimientos del aeropuerto?
- Manuela: No sé a qué te refieres.
- Toñi: Pues querías terminar con Jonathan, ¿no es así?
- Manuela: Supongo.
- Toñi: Y cuando has ido a verle a la cárcel, ¿qué es lo que has sentido?
- Manuela: Impotencia.
- Toñi: Exacto. Se rio delante de tus narices, lo que te llevó a pensar que quizá planeaba algo. Tenías que vigilarle.
- Manuela: Sí.
- Toñi: Para más inri, tu madre te quita tus poderes, y con ello la posibilidad de hacerle frente si logra escapar.
- Manuela: ¿A dónde quieres llegar?
- Toñi: ¿Pero cómo coño eres tan inútil?
- Manuela: ¡Idiota, no estoy para pensar en estas circunstancias!
- Toñi: ¡Pues que esa piedra en realidad no tiene la función de dar o quitar habilidades!
- Manuela: Pero con Manuel Jesús tuvo el mismo efecto.
- Toñi: ¿Qué querías tú cuando obtuviste los poderes al tocar la primera piedra?
- Manuela: Enorgullecer a mi madre, estaba harta de estar en un segundo plano para ella, quería su cariño.
- Toñi: ¿Y qué crees que quería Manuel Jesús cuando te robó tus poderes?
- Irene: (susurrando para sí misma): Eso ya lo sabemos todos.
- Manuela: Sí, pero ¿por qué hacerme ver el futuro sobre Jonathan?
- Toñi: ¿Porque temes fallar al mundo? No sé... En la cárcel, sentiste que algo iba mal y quisiste saber qué podría ser.
- Manuela: ¿Como el efecto placebo en los medicamentos?
- Toñi; Exacto.
- Manuela: Debo recuperar mis poderes, debo explicarle a mi madre...
- Irene (irrumpiendo): No hace falta explicar nada.
- Manuela: ¡Mamá! Yo...
- Irene (mirando a la piedra): Así que esta piedra también te permite ver el futuro. Me pregunto si alguna vez pueda tirarme al presidente jajaja. ¿Qué me dices, Manuela? ¿Hacemos un trueque? De todas formas, estaba harta de tus chorri-poderes.
- Manuela: Me agrada que seas tan comprensiva mamá, esa piedra volvió loco a Manuel Jesús y quién sabe si puede hacerte daño. No me lo perdonaría.
- Irene: Bueno, ya he aguantado una dosis así que... (cogiendo la piedra y tocando a Manuela con ella)
- Manuela; ¡Espera!
- Toñi: ¿Pero qué haces?
- Irene: ¡Ah!


Las dos salieron disparadas, Manuela contra su casa e Irene contra un árbol, cayendo casi desvanecidas. Segundos después, Manuela podía mirarse a los pies y verse de niña, cuando apenas tenía 10 años y jugaba con su madre por el campo alegremente. Seguidamente, ambas se desmayaron. Mientras, en la cárcel, Jonathan y José esperaban el momento para llevar a cabo su plan.

- Jonathan: De todo esto, hay algo que no me cuadra. ¿Por qué me ayudas? Podrías escapar tú solo sin necesidad de llevarme.
- José: Tienes madera de líder.
- Jonathan: Eso es verdad.
- José: Pero todo líder necesita una mente brillante detrás.
- Jonathan: ¿Y crees que ese eres tú?
- José: No me menosprecies, he estado ideando esto desde el principio, y no todo se reduce a una simple escapada.
- Jonathan: Aunque lo hagamos, ¿cuánto tiempo crees que tardará Manuela en encontrarnos?
- José: ¿Quieres que vuelva a decírtelo?
- Jonathan: ¡Que no! ¡Cállate de una vez, no tenemos por qué ser amigos!
- José: Claro.

En ese momento la chica en la que Jonathan se había fijado anteriormente pasaba junto a ellos, y Jonathan se levantaba.

- José: Recuerda que quedan unos minutos para el plan. No la cagues ahora.
- Jonathan: No lo haré. Disculpe, ¿es usted la psicóloga del centro?
- Chica con uniforme: Sí, ¿le ocurre algo señor?
- Jonathan: ¿Podría hacerme una consulta ahora mismo?
- Chica con uniforme: ¡Claro! Venga a mi despacho, le espero. Los guardias le llevarán a la entrada.
- Jonathan: Gracias.

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