Epílogo: Un nuevo comienzo

Las puertas del ascensor se abrían ante Jonathan y José revelando un claro de luz tras un largo pasillo, que entraba por las rendijas de una gran compuerta. Los dos se miraron fijamente y con una sonrisa malvada. Lo habían conseguido. Las puertas se abrían ante ellos al llegar a la salida, vislumbrando de fondo un paisaje de película, mientras en la cabaña donde Isaac fue noqueado decenas de monstruos alcanzaban el lugar y devoraban el cadáver del difunto. Nadie nunca sabría todo por lo que había luchado, excepto Irene y Manuela. De repente, varios soldados armados con equipo de élite rodearon a los villanos, quedando a José con una cara de asombro y temor sin parangón.

- Líder: ¡Quietos!

El jefe del grupo se acercó, mientras los demás apuntaban, hacia Jonathan con unas esposas en la mano.

- Líder: Date la vuelta.
- Jonathan: No.
- Líder: ¿No me has oído? ¡Date la puta vuelta!

En ese momento, un proyectil atravesó la cabeza del líder, salpicando la cara de Jonathan y quedando aún más asombrado, si cabe, a José. Seguidamente, unos soldados comenzaron a matar al resto. Estaban colaborando con el villano. Mientras, Jonathan cargaba su arma.

- José: ¿Qué haces?

Los soldados de Jonathan ganaron la batalla, cuando se postraron ante él los supervivientes de la trifulca. Eran ya solo tres soldados.

- Jonathan: Bien hecho, chicos.

A continuación, Jonathan mató a los tres soldados sin vacilar, mientras José miraba con detenimiento.

- Jonathan: Odio los cabos sueltos.
- José: ...
- Jonathan: ¿Qué? ¿Es que tu plan era salir de la cárcel sin más? No me subestimes, amigo. ¿No era eso lo que decías?
- José: Bueno, ¿y ahora qué?
- Jonathan: Se acabaron las infecciones. Se acabaron los juegos fáciles. Esta vez es personal, utilizaremos a los que fueron sus propios amigos contra ella... Y la destrozaremos desde dentro.
- José: Excelente. Pero mi plan aún no ha terminado. Primero tenemos que ir a un piso franco que tengo cerca de aquí. En aquel lugar hay muestras de piedra pura para que obtengamos el poder para derrotarla otra vez. También habrá de sobra para las personas que mencionas, de eso no te preocupes.
- Jonathan: Bien, yo prepararé todo lo referente a eso. Y tú ocúpate de ella (mientras le da un extraño cuchillo de color parecido al verde).
- José: (con mirada maligna) Me gusta cómo suena eso.

Los agujeros negros sumían en vacío el mundo en el que Manuela e Irene seguían. La cuenta atrás había llegado a cero. Una profunda implosión absorbió el gran reloj y comenzó a crecer desde el cielo, sumiendo en negro todo lo que empezaba a alcanzar. Se acercaba a una velocidad inimaginable. Manuela abrazó profundamente a su madre y ambas cerraron los ojos y comenzaron a gritar mientras el gran vacío las alcanzaba.

- Manuela: ¡Ah!
- Irene: ¡Ah!

Un silencio inundó el universo en esos instantes. Ni Manuela ni Irene estaban en ningún lado... Pero segundos después, la primera abría los ojos y podía vislumbrar lo que eran sus pies. Estaba despertando de un letargo. Esa imagen ya la había visto anteriormente, cuando desmayó al tocar la piedra antes de entrar en ese horrible mundo. Era ella, pero no su actual persona, sino de niña, cuando apenas tenía 10 años y jugaba con su madre por el campo alegremente. Irene se postraba ante su hija, que había caído mientras corría, y le ayudaba a incorporarse. Ambas sonreían. Manuela quiso captar el momento, ese momento que perduraría para toda una vida, pasase lo que pasase. Uno de los mejores momentos de su existencia. Su madre le ofreció la sonrisa más sincera que una madre pueda otorgarle a su hija, y Manuela tomó su cámara y echó una foto. Un elemento que simbolizaría para toda una eternidad el gran amor que sentían la una por la otra.


Seguidamente, un nuevo vacío sucumbió ante Manuela, mientras una voz le animaba a despertar. Era su madre. Ya en el mundo real, acababa de despertar en el monte donde todo había comenzado.

- Irene: ¡Gracias a Dios, estás bien!
- Toñi: Menos mal... He hecho de todo por intentar despertaros.
- Irene: Sí, sí... Tú lo que eres es una salida, que me estabas morreando mientras dormía.
- Toñi: ¡Era la respiración boca a boca!
- Manuela: ¡No discutáis! Lo importante es que estamos aquí.
- Irene: Isaac...
- Manuela: Mamá, quién sabe si todo era producto de nuestra imaginación. Quizás no haya sufrido, o incluso ni exista esa persona. (tocándose su ojo) Ni siquiera yo me acuchillé el ojo en aquella prueba, ¿ves?
- Irene: Era tan real... Era como si en otra vida nos hubiésemos conocido.
- Manuela: Tranquila. Ahora estoy aquí. Contigo.

Las tres se abrazaron, mientras el sol brillaba y aquel día, que había sido de todo excepto un "Día Feliz", alcanzaba su único punto de regocijo ante tantos acontecimientos. Horas después, Manuela había pasado de ir a ver a José a la cárcel, pues ignoraba lo ocurrido durante su desmayo en aquel lugar. Solo quería pasar unos momentos con su madre después de lo cerca que ambas habían estado de la muerte, así que en esos momentos se encontraba jugando junto a ella al "pilla pilla".

-Manuela (modesta): ¡No, idiota! Te he cogido.
-Irene: ¡Eso no vale, eres demasiado rápida!

Comenzaron a forcejear, cuando Irene se vio inferior respecto a su hija y para parar la pelea recurrió a desinteresarse del asunto diciendo...

-Irene: Me aburro...... ¿Vamos a ver cine x?
-Manuela: ¡Oye! Yo no veo esas cosas.
-Irene: Bueno, pues allá tú. Yo me voy para adentro, te espero con el lubricante por si las moscas...
-Manuela: Payasa esta...

Mientras Manuela miraba el paisaje del campo, Irene puso el televisor, donde antes de que pudiera cambiar de canal pudo oírse en las noticias: "Atención, escape en la prisión estatal durante el recreo"...

-Irene: ¡Anda y vete por ahí!
-Manuela (exterior): Increíble el mundo, una obra divina, no cabe otro lugar.

En esos momentos, una estela surcó los cielos. No era ningún pájaro, ni ningún avión, así que Manuela sabía que aquel día aún no había terminado, ni siquiera esa historia. Pareciera que todo estuviese destinado a ser un final abierto. Manuela frunció su ceño, apretó el puño y mantuvo su mirada mientras la figura se acercaba rápidamente a ella. Estaba lista para la batalla final. Estaba lista para poner fin a la maldad de una vez por todas.

La historia continúa en el capítulo catorce de las aventuras originales de Manuela Hood. ¡No te pierdas el final!

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