En un lugar de...
- Irene: ¡Una palabra más y te parto los cojones!
- Narrador: Pero...
- Irene: Y si eres una tía me da lo mismo, ¡te parto el himen a mordiscos!
- Narrador: Pero...
- Irene: Y si eres una tía me da lo mismo, ¡te parto el himen a mordiscos!
Un glorioso día, a finales de verano y tras los macabros sucesos llevados a cabo en un aeropuerto donde Jonathan soltó una terrible infección, se llevaba a cabo una reunión en la Casa Blanca, donde el presidente nombraba los puntos que iba a realizar para recuperar la economía. Allí, frente a una puerta protegida por guardias, se abrió la entrada principal y apareció una silueta de ojos marrones, cabello violeta, cara de enfado y de complexión delgada y alta. Llevaba también consigo unas gafas de sol (robadas y con el ticket colgando) y se acercó a ellos. Esa chica era Irene.
- Irene: ¿Puedo pasar?
- Guardia 1: No, la asamblea ya ha comenzado.
- Irene: Hijo de perra este...
- Guardia 1: ¿Cómo dice?
- Irene: Que te calles, pelagambas.
- Guardia 1: ¿Cómo dice?
- Irene: Que te calles, pelagambas.
En ese momento los hombres la persiguieron por los pasillos hasta llegar al vestíbulo, donde Irene les tenía una trampa. Ellos se dirigieron hacia la mujer y esta soltó una carga de cáscaras de plátano, que les hizo resbalar y caer al suelo. Entonces Irene, con aire chulesco, se metió un dedo en la nariz y se sacó un moco de proporciones estratosféricas para quedarlo pegado en la frente de uno de los guardias, mientras corría hacia la reunión, desquebrajada. Al llegar, todo el mundo se quedó mirándola.
- Irene: ¿Tenéis algún problema?
Entonces llegaron los guardias.
- Irene: Tú qué pasa, ¿no aprendes?
- Guardia 1: Señora, tiene que venir con nosotros ahora mismo.
- Irene: Vamos a ver. Si quieres tu momento de gloria habérmelo pedido antes. Ahora no me iré sin liarla. Yo lo siento mucho.
- Guardia 1: Señora, tiene que venir con nosotros ahora mismo.
- Irene: Vamos a ver. Si quieres tu momento de gloria habérmelo pedido antes. Ahora no me iré sin liarla. Yo lo siento mucho.
Cogió uno de sus zapatos y lo lanzó contra el presidente, que se agachó corriendo y pudo esquivar el zapato, a la vez que los vigilantes tumbaban a Irene.
- Irene: ¡Ah! ¡Soltadme cabrones, que son unas Adidas!
Instantáneamente, el techo del edificio crujió y apareció... ¡Manuela Hood!
- Manuela: Chicos, dejadla, viene conmigo.
- Irene: Eso mismo, si no, atentos a las consecuencias.
- Manuela: Ateneos.
- Irene: No, a ese cole no fuiste prenda, fuiste al...
- Manuela: Es igual.
- Manuela: Ateneos.
- Irene: No, a ese cole no fuiste prenda, fuiste al...
- Manuela: Es igual.
No tardaron en obedecer y, antes de que se fueran, Manuela dijo...
- Manuela: Siento los daños presidente. Tenga, esto paliará los destrozos.
Empezó a echar dinero por los ojos y se llevó a la madre volando. Mientras iban por el cielo azul, se podía observar cómo todo el mundo miraba hacia arriba y veneraban a la superheroína. Incluso había carteles de una película en producción inspirada en sus hazañas más recientes.
Este capítulo está dedicado a Jonathan Monforte Valiente, quien desde un principio escribió este capítulo en 2011 que serviría como prólogo a la aventura que no se retomaría y veríamos hasta mucho más tarde.

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