Manuela despertó sola en una sala oscura, sin nada aparente alrededor. No había rastro de su madre.
- Manuela: ¿Hola?
Segundos después...
- Manuela: Vale, tengo que salir de aquí.
Aporreó la puerta de la sala para ver que seguía sin poderes.
- Manuela: ¡Joder!
En alguna otra parte, en otra sala idéntica a la de Manuela...
- Irene: ¡Oh! ¿Dónde estoy?
Intentó hacer lo mismo que su hija, pero tampoco tenía los poderes.
- Irene: Ya me los ha quitado la puta rata esta...
En esos instantes a las dos les hablaba la misma voz, la de José.
- José (a Manuela): Hola amiga. Ya veo que ahora eres tú la presa.
- Manuela: ¿Cómo has...?
- José: No importa. Lo que importa es que si no encuentras a tu madre y salís de esta zona de pruebas en la que os he metido en menos de dos horas, jamás saldréis de aquí. Moriréis sin que nadie pueda salvaros y sin que nadie sepa dónde estáis.
En ese momento, donde Manuela estaba se iluminó una mesilla sobre la que había un bisturí.
- José: Ya sabes lo que hacer, Manuela. La respuesta está ante tus ojos.
- Manuela: ¿Qué?
Entonces la superheroína se acercó a la mesa, sobre la que también había un espejo, y vio que en su ojo tenía marcas de costuras.
- Manuela: ¿Qué me has hecho?
También había una fotocopia en la mesa. La cogió para ver qué era y vio que en realidad era una radiografía de su ojo, y en su interior había una llave.
- Manuela: Puto psicópata... Está bien. Lo haré. Por mi madre.
En ese momento alzo el bisturí y lo acercó lentamente hacia su rostro.
- Manuela: Esto va a doler... (mientras corta la carne) ¡Ah!
- Irene (apareciendo a su lado): ¿Ahora te va el sado?
- Manuela: ¿Pero qué coño?
- Irene: Vamos a ver, prenda. ¿Qué haces con tu vida?
- Manuela: ¡Intentaba salvarte!
- Irene: Pues qué bien se te da.
- Manuela: ¡Idiota!
- Irene: Yo también te quiero.
- Manuela: ¿Cómo has llegado hasta aquí?
- Irene: Pues nada. Que estaba yo, con mi heroísmo por bandera naturalmente, cuando desperté en una sala como esta y una voz me dijo que tenía que encontrar la llave para salir de allí, reencontrarme contigo, y salir de este sitio de mierda en menos de dos horas. ¿Y tú? ¿Cómo va la cosa?
- Manuela: ¿Y cómo has...?
- Irene: Ah, ¿que el peloalfombra ese te ha puesto la llave a ti en el ojo? Qué hijo de perra.
- Manuela: ¿Y a ti?
- Irene: No querrás saberlo. El caso es que ya estoy aquí. Podemos usar mi llave, salir de aquí, y ya te curarán el ojete cuando consigamos ayuda.
- Manuela: Gracias. Me siento rara siendo salvada.
- Irene: Pues cuando te parí te salvé también, que lo sepas. Venías de culo y nadie sabía qué hacer. Entonces yo, con todas mis ganas, me metí la mano por el...
- Manuela: Va, va, ya me contaste esa historia. No hace falta que la repitas.
- Irene: Vale, desconsiderada de mierda.
- Manuela: Payasa.
- Irene: ¡Patética!
- Manuela: Vámonos antes de que nos quedemos aquí para siempre.
- Irene: Vale, pero me debes un consolador nuevo. Que te he salvado el culo.
- Manuela: ¿Otro?
- Irene: Y los que hagan falta, chavala. Que la vida es muy dura. Y todos los consoladores... No lo son tanto (sonriendo).
- Manuela: Bien. Vámonos de aquí ya.
- Irene: Después de ti.
- Manuela: Tú tienes la llave.
- Irene: Cierto, hija mía.
- Manuela: ¡Pues venga!
- Irene: ¡Que sí, coño!
- Manuela: Buf, de todo montas una película.
- Irene: ¿Porno?
- Manuela: ¿Qué dices ahora?
- Irene: No, ¿qué dices tú ahora de una película?
- Manuela: Mira, déjalo. Dame la llave.
- Irene: Sí hombre, y te vas sin mí. La llave la llevo yo que para algo soy aquí la adulta.
- Manuela: ¡Pues abre de una puta vez!
- Irene: ¿El qué, mi coño otra vez? ¿Aún hay más llaves metidas?
- Manuela: ¡La puerta!
- Irene: Ah, sí, claro.

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