Epílogo: Un nuevo comienzo

Las puertas del ascensor se abrían ante Jonathan y José revelando un claro de luz tras un largo pasillo, que entraba por las rendijas de una gran compuerta. Los dos se miraron fijamente y con una sonrisa malvada. Lo habían conseguido. Las puertas se abrían ante ellos al llegar a la salida, vislumbrando de fondo un paisaje de película, mientras en la cabaña donde Isaac fue noqueado decenas de monstruos alcanzaban el lugar y devoraban el cadáver del difunto. Nadie nunca sabría todo por lo que había luchado, excepto Irene y Manuela. De repente, varios soldados armados con equipo de élite rodearon a los villanos, quedando a José con una cara de asombro y temor sin parangón.

- Líder: ¡Quietos!

El jefe del grupo se acercó, mientras los demás apuntaban, hacia Jonathan con unas esposas en la mano.

Capítulo 28: Evasión a la desesperada (parte 7)

La mente de Jonathan se aceleró entonces en un intento por encontrar la solución, una solución que acabase de una vez por todas con el terrible monstruo que había creado él mismo. Podía separar el ascensor disparando a los remaches, pero era muy arriesgado pues todavía estaría vivo. Seguiría vivo y cambiando para poderles seguir nuevamente convirtiéndose en algo nuevo… La forma elástica de su cuerpo indefinido avanzó otro poco, así que Jonathan extendió la mano para disparar contra esos soportes de la estructura, pues no parecía haber otra elección…

Capítulo 27: Evasión a la desesperada (parte 6)

El sonido percibido bajo los pies de Jonathan y José indicaba que el metal bajo sus pies estaba siendo rasgado… Después, ningún otro ruido. Una única luz, que parecía de emergencia, en el centro de la base del ascensor se encendió justo cuando aquella criatura, que había perdido todo remoto parecido a un ser humano con excepción de un extraño tumor pulsante que tenía a un lado parecido a una burbuja, destrozó parte del suelo e intentaba entrar a asesinarlos de una vez por todas. La criatura no era otra cosa que una gigantesca burbuja de materia oscura y pegajosa. José no pudo calcular su altura. La cosa tenía extendidos unos gruesos cordones de su ser, unos tentáculos de materia elástica húmeda que estaban agarrados a todos los espacios posibles que tenía delante de sí. Y mientras José la miraba fijamente, aquella bestia se arrastró hacia adelante cuando los oscuros miembros se contrajeron, haciendo avanzar unos pocos centímetros la masa de su enorme cuerpo. No estaba loco. Estaba viendo la realidad, estaba viendo el cambio de colores oscuros de su superficie: negro, rojo, verde púrpura a lo largo de sus tentáculos cuando se extendieron de nuevo. Aquel material viscoso se pegó de algún modo a las superficies metálicas del montacargas, arrastrándose unos cuantos centímetros más. El cuerpo en sí era poco más que una enorme boca, una húmeda abertura en la que todavía se veían dientes… y que los alcanzaría en poco tiempo si no salían inmediatamente de su estupor asqueado. Jonathan apuntó hacia el gigantesco agujero que era su boca y apretó el gatillo. José tiró de la corredera de su arma, pues ésta se había encasquillado, y dejó caer un casquillo vacío al suelo a la vez que apretaba el gatillo sin vacilar, pero ya se había quedado sin munición, y la gigantesca cosa semilíquida todavía seguía avanzando sin dar indicios de detenerse. No sabía cómo matarla. Ni siquiera sabía si los disparos de Jonathan le habían causado algún daño.

Capítulo 26: Evasión a la desesperada (parte 5)

El ascensor donde estaban Jonathan y José comenzó a subir. Aunque no como ellos habían esperado, con una lentitud considerable. La amplia plataforma se deslizó una fracción de diez segundos. El cuerpo de los dos empezó a estremecerse, con la tensión agitando sus músculos y agarrotándolos de tal modo que les costaba respirar. ¿Qué estaba ocurriendo esta vez? Un instante después se produjo una fuerte explosión bajo el ascensor que lo hizo temblar pareciendo que se fuera a caer y jamás fuesen a salir de allí. Un ruido apagado y un aullido amortiguado que fue creciendo y creciendo de volumen hasta convertirse en un rugido descomunal hizo al ascensor agitarse de forma violenta de un lado a otro con una fuerza terrible, y se vieron arrojados al suelo de metal al mismo tiempo que una brillante luz parpadeó a través del espacio entre los huecos del ascensor, como si los ruidos de un accidente de coche los rodearan por todos lados, a la vez que bajo el suelo sonaban unos pesados golpes… Y el ascensor continuó su marcha. Continuó su marcha, la luz desapareció, y ellos seguían vivos. El cegador resplandor disminuyó de potencia y desapareció. Jonathan y José sintieron cómo la tensión abandonaba su cuerpo. Jonathan giró hacia un costado y José hacia otro, situándose uno a cada esquina de ese gran ascensor para cargas mayores, mientras se incorporaban lentamente.

Capítulo 25: Evasión a la desesperada (parte 4)

El ascensor todavía no había llegado, así que José sacó otro cargador de una de las cajas del lugar y lo introdujo con una palmada y un chasquido, y luego disparó contra lo que podía ver: una forma con seis patas, una silueta que ya había perdido todo parecido con un ser humano. El proyectil atravesó uno de los musculosos hombros, y la criatura saltó. Cayó al suelo como si se tratase de una especie de bestia salvaje y arácnida y aterrizó a pocos metros de donde ellos estaban. Su pecho se había convertido en una pared de dientes extraños, de pinchos, que se abría y se cerraba al son de sus jadeos… y en ese momento gritó de nuevo. Era un sonido demoníaco, completamente diferente a cualquier otra cosa que hubieran oído antes. Parecían los gritos moribundos de un millar de almas condenadas al infierno. En ese momento José disparó dos veces contra el puñado de dientes y retrocedió. Aprovecharon para correr y rodear la estantería que tenían a la derecha para regresar al ascensor. Oyeron los atronadores pasos justo a sus espaldas, y supieron que no podían parar de ninguna manera. Dieron otro giro, luego atravesaron de nuevo el centro de la estancia… y algo golpeó a Jonathan en la espalda y lo lanzó disparado hacia adelante y hacia el suelo: la bestia se había abalanzado contra él y lo había embestido. Jonathan rodó sobre sí mismo y la criatura se colocó enseguida encima de él, con sus dientes goteantes de saliva preparados para atravesarle el cráneo mientras las patas lo mantenían inmovilizado. El villano colocó el cañón de la pistola justo debajo de la babeante barbilla y apretó el gatillo una y otra vez mientras gritaba, vaciando el cargador de pesados proyectiles en la cabeza de la criatura. La bestia aulló y pataleó para terminar, finalmente, cayendo a un lado de Jonathan. El enorme y alucinante animal todavía estaba aullando cuando Jonathan se puso en pie y se acercó junto a José a la carrera al ascensor. Entraron y se dieron la vuelta, pulsando el botón de subida. Vieron que la bestia se estremecía, cambiaba y aullaba, al mismo tiempo que despedía trozos de carne y hueso y chorreones de sangre, luego se daba la vuelta y volvía a dirigirse hacia el ascensor. Tomó velocidad con cada paso tembloroso. La puerta se fue cerrando con gran lentitud, y la criatura casi volaba ya… Jonathan y José, esta vez juntos y al unísono, agarraron bien sus armas y apretaron el gatillo. Los impactos dieron de lleno a la criatura en distintos lugares de su pecho y la hizo retroceder… justo cuando la puerta se cerró.

Capítulo 24: Evasión a la desesperada (parte 3)

Jonathan había llegado de nuevo a la puerta. Se giró y disparó, apuntando su arma al rostro de la criatura… Pero el rostro estaba cambiando de nuevo debido a los profundos golpes que sufrió en el patio. La mandíbula estaba bajando mientras gritaba. Unos grandes colmillos o garras salieron de lo que quedaba de su boca, de la parte superior de su palpitante pecho… y Jonathan vio, mientras la criatura rugía de nuevo con su boca mutante, que le estaban saliendo otros dos brazos de sus costados.

- Jonathan: Vaya. Esto he de tomarlo en cuenta cuando salga de aquí en mi cuaderno de notas.
- José: ¿Todo esto es un juego para ti?

Capítulo 23: Evasión a la desesperada (parte 2)

Jonathan se dio la vuelta y sintió deseos de gritar si tenía que esperar mucho más… y, por primera vez, echó un vistazo a la estancia en la que se encontraban. Las dos altas y anchas hileras de estanterías múltiples que recorrían el lugar de lado a lado estaban repletas de alimentos y otros utensilios de subsistencia.

- José: (en tono burlesco) ¿Tomamos algo en lo que baja?
- Jonathan: ¡Cállate ya, pesado!

Capítulo 22: Evasión a la desesperada (parte 1)

¡Zas! Se oía mientras un muerto se desprendía entre los bloques de celdas hacia abajo, dejando un reguero de sangre al estallar su cabeza contra el suelo del pabellón. Jonathan y José seguían abriéndose camino en la prisión para lograr alcanzar una salida.

- José: ¡A ese!

Capítulo 21: El regreso

- Irene: ¡Vuelve aquí! ¡Cobarde! ¡Hijo de la gran puta!

Gritaba Irene mientras corrían en su vehículo tras el de José, ambos transportes sin techo, por lo que podía vérsele perfectamente cómo de los agujeros de su cuerpo brotaban sanguijuelas.

- Isaac: Joder, sí que le tenéis cariño a ese tío. Me gusta la personalidad de tu madre.
- Manuela: Pues serás el único en el mundo... Tengo una historia atrás ya con ese tío, por desgracia.
- Irene: Los cojones, si yo soy un amor. (mientras mira a Isaac) Tú y yo en otra vida no follaríamos descaradamente por las paredes de casa, ¿no?
- Isaac: Joder, he visto gente que liga a lo bestia y luego estás tú.
- Irene: Pues ya sabes. Cuando salgamos de ésta, me agarras éstas (tocándose los pechos).
- Manuela: Mamá, ¡no es el momento!

Capítulo 20: Cuenta atrás

- Irene: Tenemos que salir de esto puta mierda en la que estamos metidas.
- Manuela: Y pronto. Nos queda media hora.
- Irene: ¿Pero las dos horas no eran para salir de aquel edificio?
- Manuela: No lo creo.
- Irene: ¿Cómo lo sabes?
- Manuela: Mira.

La superheroína señaló al cielo, donde hasta ahora no se habían dado cuenta de que había un gran temporizador gigante corriendo hacia atrás y tenían las horas contadas.

Capítulo 19: Framework

- Jonathan: ¿Un mundo alternativo digitalizado virtual? ¡Vaya, estoy impresionado!

Decía Jonathan en la cárcel mientras hablaba con su compañero José, que le explicaba cuál era el plan que estaba llevando a cabo.

- José: Eso es. Conocía las intenciones de la madre de Manuela, esta tal Irene. Así que yo mismo manipulé una de estas piedras (como la que había recogido) que inicialmente pude comprobar que tenía el propósito de otorgar los deseos de la persona que la tocaba, para convertirla en algo totalmente distinto.
- Jonathan: Sigue.

Capítulo 18: El extraño mundo

- Manuela: ¿Dónde coño estamos? ¿De dónde salen estas cosas?

Decía la superhéroe mientras miraba aterrada el cuerpo muerto de aquella criatura.

- Irene: Pues ni idea, prenda.

Respondió Irene apareciendo tras ella.

Capítulo 17: La escapada de Irene

Irene, mientras, había aporreado la puerta y había visto que tenía la hendidura que Manuela vio previamente.

- Irene: ¿Y esto qué coño es? ¿Para meter la ...? Qué cerradura más rara… ¿Eso es latín?

Entonces escuchó los gritos de su hija y emprendió la marcha para buscar la llave o lo que sea que abriera esa cerradura.

- Irene: La perra me necesita.

Capítulo 16: La escapada de Manuela

- Manuela: Parece aceite.
- Irene: Como el que pierdes tú.
- Narrador: Tú no estás en esta escena.
- Irene: Cierto.
- Manuela: Debo investigar.

Manuela echó un vistazo por toda la habitación y luego se dirigió hacia la puerta que había en el otro extremo del salón. Un cadáver yacía en el suelo con un arma entre sus brazos. Se trataba de una escopeta antigua, pero que le serviría para defenderse, así que la tomó y siguió hacia adelante. Sintió una extraña inquietud al cruzar el espacio abierto y apretó con fuerza el arma. Cuando ya casi había llegado al otro extremo de la sala, algo se estrelló contra el techo. El sonido fue estruendoso, ensordecedor, y el golpe tan fuerte que la lámpara que se hallaba en el lugar cayó al suelo y el cristal se hizo añicos.

Capítulo 15: El pasillo

Mientras tanto, Manuela e Irene luchaban por salir del lugar en el que estaban confinadas.

- Manuela: ¡Rápido, hay que buscar por dónde han ido las sanguijuelas, quizás nos conduzcan a la salida!
- Irene: ¡Que te esperes, que no todos estamos acostumbrados a hacer tanto ejercicio!
- Manuela: Mamá, teníamos dos horas para salir de aquí. No sé cuánto tiempo llevaremos dando vueltas, pero todo es limitado.
- Irene: Como tu inteligencia.
- Manuela: No voy a discutir.
- Irene: Porque te ganaría.
- Manuela: (en tono irónico) Claro.

Capítulo 14: Compañeros

- José: Muy bien, pedazos de mierda. ¡Venid aquí!
- Jonathan: No seas impaciente, hay para todos. Ten (mientras le lanza la pistola a las manos), yo me haré de otra luego.

Entonces Jonathan alzó el pie contra la mesa que rodeaban los zombis y la golpeó haciendo caer a varios de ellos. Seguidamente agarró una de las patas de ésta y la arrancó justo a tiempo para golpear el cráneo de otro de ellos, abriéndole un boquete y salpicando la cara de José con sangre coagulada.

- José: Qué asco dan tus bichos.
- Jonathan: También puedes colaborar, ¿sabes?
- José: Claro.

Capítulo 13: A través

El aire estaba cargado de humo asfixiante y del hedor de cuerpos putrefactos y de carne quemada. Jonathan y José distinguieron el estampido de unos cuantos disparos en el interior del edificio de la prisión, pero fueron muy pocos. La batalla se había acabado, y los guardias habían sido derrotados, al menos de momento.

- José: (asustado) ¿Y ahora qué?
- Jonathan: ¿Bromeas? ¡Ésta es la oportunidad que esperábamos!
- José: Si tú lo dices...
- Jonathan: Confía en mí. Luego me contarás de todas formas tu plan, a ver si podemos usar algo de ello para el nuestro.

Capítulo 12: El helicóptero

Mientras, un helicóptero sobrevolaba la prisión en la que Jonathan y José estaban. Apenas podían verse sus paredes, pues el cielo lo cubría una gruesa capa de humo procedente de distintos incendios en las distintas partes de aquella gran cárcel. El helicóptero vislumbró en esos instantes a Jonathan y a José, que estaban concretamente en el patio de recreo rodeados de personas. La situación se había ido de las manos desde la última vez que habíamos sabido de ellos, pues la mujer solo había sido el foco inicial de una gran infección y todas esas personas eran infectados por un virus prototipo parecido al que Jonathan había usado con esos horrorosos experimentos en el aeropuerto. El helicóptero comenzó a bajar para intentar protegerlos, y al estar situado entre dos columnas unos ventanales se rompieron y alertaron al piloto, que miraba atónito. "Solo es un poco de fuego", se dijo. Pero entonces, decenas de personas saltaron para intentar escapar. Unas cayeron sobre las hélices, cubriendo de sangre los espejos del helicóptero, otros cayeron metros hacia abajo, resonando el crujir de sus huesos contra el suelo como si de nueces se trataran, y alguno logro agarrarse a las barras de metal que sirven como soporte cuando aterrizan esos vehículos.

Capítulo 11: Mcoubras

El brazo de la criatura se alargó de forma imposible. Manuela se hallaba al menos a cinco metros, pero la brillante mano húmeda dio un manotazo al aire a sólo unos centímetros de su rostro. Manuela tropezó con sus propios pies en su prisa por salir de allí y cayó al suelo, mientras el brazo se recomponía de nuevo, volvía a ir hacia atrás y se preparaba para un nuevo ataque.

- Irene: ¡Manuela! Tengo que hacer algo (mientras corre hacia un sitio que Manuela no alcanzaba a ver).


Capítulo 10: Una figura solitaria

Entonces Manuela e Irene atravesaron la puerta y aparecieron en el hall de una gran mansión, con grandes lamparones, infinitas puertas hacia infinitos lugares y sin seña alguna de hacia dónde deberían ir para salir de aquel lugar.

- Irene: Mierda.
- Manuela: Por una vez hemos pensado lo mismo.
- Irene: ¿Estás pensando en la tranca de Nacho Vidal?
- Manuela: Olvídalo... Bien, ¿tú qué opinas?
- Irene: Que la crisis se está cargando el mundo.
- Manuela: ¡Que por dónde irías tú!
- Irene: ¡Ah! Pues yo que sé... Probemos por la puerta de la izquierda, y vamos alternando.
- Manuela: No queda otra que ir una a una.
- Irene: Sí, hija, sí.

Capítulo 9: El juego del miedo

Manuela despertó sola en una sala oscura, sin nada aparente alrededor. No había rastro de su madre.

- Manuela: ¿Hola?

Segundos después...

- Manuela: Vale, tengo que salir de aquí.

Aporreó la puerta de la sala para ver que seguía sin poderes.

- Manuela: ¡Joder!

En alguna otra parte, en otra sala idéntica a la de Manuela...

- Irene: ¡Oh! ¿Dónde estoy?

Capítulo 8: Chasquido

- Jonathan (mientras entra por la puerta): No pretendo robarle mucho tiempo, solo necesito hablar con alguien sobre lo que hice.
- Chica con uniforme: Es normal que los reclusos sientan repulsión en sus actos cuando se dan cuenta de lo que hicieron, ya sea por una cosa u otra todas las personas terminan dándose cuenta de los errores cometidos. El primer paso es aceptarlo, tomar conciencia de lo que uno hace y entonces, solo entonces, podrá redimirse y salir limpio. En mi consulta nos tomamos muy en serio los casos como el suyo. Por favor, empiece. Todos tenemos que cambiar para que todo se mantenga igual.

Capítulo 7: El comienzo de todo

Mientras, Manuela estaba en el monte investigando por su ordenador si la piedra que había encontrado tenía algún origen conocido.

- Manuela: Veamos qué tenemos por aquí. "Piedras que caen del cielo", "piedras con efectos diversos"... Nada (mirando la piedra de reojo). Sea lo que sea, esta piedra está hecha del mismo material que me dio mis poderes, y sin embargo parece haber cambiado su función. El caso es, ¿por qué?
- Toñi: ¿Quizás estás buscando demasiado y lo tienes en tus narices?
- Manuela (soltándole un puñetazo del susto): ¡Ah!
- Toñi: ¿Qué haces niña?
- Manuela: ¿Y tú? Me has asustado.
- Toñi: He quedado aquí con tu madre, vamos a ver una película de amor en mi casa.
- Manuela: Sí, ya, de amor...
- Toñi: ¿Quieres mi opinión sobre la piedra o no?
- Manuela: A ver, suelta.

Capítulo 6: Vuelo comprometido

Manuela llegó a casa con la roca que le había dado esa horrible visión envuelta en un trapo. Abrió el cajón de su armario y la guardó bajo su ropa interior.

- Manuela: Tenemos que investigarte muy a fondo. Pero primero... ¿Mamá? ¿Dónde estará?

En un rincón de la ciudad...

- Atracador (disparando al aire): ¡Todo el mundo al suelo! Pon todo el dinero en la bolsa, ¡ahora!

Capítulo 5: Planes de fuga

Mientras, en la cárcel...
Jonathan estaba junto a la ventana de su celda. Allí, oía continuamente noticiarios sobre lo buena que era Manuela Hood y entonces un noticiario avisaba sobre la ausencia de la superheroína en un incendio preguntándose las posibles razones para ello. Jonathan seguía sin soltar una palabra ni su cara cambiaba un ápice. A través de la ventana miraba hacia una zona que no podemos concretar pero que sus ojos si lograban apreciar. Sin embargo, sí que se veían algunas personas moviéndose y, junto a ellas, aparecía una chica con uniforme de médico a la que Jonathan prestó una atención particular. ¿Por qué? No lo sabemos.

Capítulo 4: Señales

En los montes, junto al hogar de Manuela Hood...

- Manuela: ¿En serio?
- Irene: Qué pasa, ¿para una vez que tengo el dinero me lo vas a prohibir?
- Manuela: Mamá, ya antes tenías también dinero de sobra e ibas donde querías, no me vengas con la excusa ahora para contratar a un puto.
- Irene: Bueno. Tú te callas, anda y vete a buscar piedras.
- Manuela: Qué hija de...
- Irene: ¡Hasta luego...!

Mientras se aleja...

Capítulo 3: Escoria humana

- Atracador: ¡Pon todo el dinero en la bolsa, ahora!
- Atracador 2: ¡Vamos a ser ricos! ¡Sí!
- Manuela (apareciendo tras él): Yo no haría eso.

En ese momento, el atracador efectuó tres disparos contra ella, que rebotaron sin hacerle ni un rasguño. Manuela le miró vacilando y cinco segundos después, los ladrones yacían en la cárcel.

- Manuela: Espero que aprendáis la lección.
- Atracador: Un día de estos alguien aparecerá y te pondrá los puntos sobre las íes, heroína de pacotilla. Es cuestión de tiempo.
- Manuela: Bien, hasta entonces... (mientras les encierra en una celda) Tienes derecho a callarte la boca.

Capítulo 2: El eterno debate

- Manuela: ¿En qué pensabas con tirarles tus zapatos al presidente?
- Irene: A ti eso ni te va, ni te viene. Y en el camino, pues te entretienes.
- Manuela: ¿Qué dices ahora?
- Irene: Que nada. Además, te dije que quería tus poderes y no me los diste.
- Manuela: Con que es por eso, ¿no? Te dije que no sé dártelos, si pudiera lo haría. Estoy harta de tantos villanos.
- Irene: Que te den, acabamos de terminar la conversación.

No hubo más palabras hasta la llegada al monte, el hogar en el que siempre han vivido y siempre lo harán.

Capítulo 1: Atentado contra el presidente

En un lugar de...

- Irene: ¡Una palabra más y te parto los cojones!
- Narrador: Pero...
- Irene: Y si eres una tía me da lo mismo, ¡te parto el himen a mordiscos!

Un glorioso día, a finales de verano y tras los macabros sucesos llevados a cabo en un aeropuerto donde Jonathan soltó una terrible infección, se llevaba a cabo una reunión en la Casa Blanca, donde el presidente nombraba los puntos que iba a realizar para recuperar la economía. Allí, frente a una puerta protegida por guardias, se abrió la entrada principal y apareció una silueta de ojos marrones, cabello violeta, cara de enfado y de complexión delgada y alta. Llevaba también consigo unas gafas de sol (robadas y con el ticket colgando) y se acercó a ellos. Esa chica era Irene.

Introducción

La historia que no te contaron... Porque no todo fue tan fácil, porque no siempre todo fue resuelto por la propia Manuela Hood. Hubo otras personas que también sufrieron, hubo otras personas que gestaron su odio lentamente...Y no el conjunto de las cosas se resume siempre en la felicidad. Todo comienza en el capítulo catorce de las aventuras originales de la superheroína, donde algo ocurrió que intentaron ocultarnos...