Capítulo 2: El eterno debate

- Manuela: ¿En qué pensabas con tirarles tus zapatos al presidente?
- Irene: A ti eso ni te va, ni te viene. Y en el camino, pues te entretienes.
- Manuela: ¿Qué dices ahora?
- Irene: Que nada. Además, te dije que quería tus poderes y no me los diste.
- Manuela: Con que es por eso, ¿no? Te dije que no sé dártelos, si pudiera lo haría. Estoy harta de tantos villanos.
- Irene: Que te den, acabamos de terminar la conversación.

No hubo más palabras hasta la llegada al monte, el hogar en el que siempre han vivido y siempre lo harán.

- Manuela: Fin del trayecto.
- Irene: Gracias por nada, tirana.
- Manuela: Tú y tus chorradas.
- Irene: Tú y tu coño seco.

César llegó para hacerles una visita.

- César: Eh, ¿qué tal?
- Irene: Hasta que has venido, bien.
- Manuela: No le hagas caso, está enfadada porque no le he dado mis poderes.
- César: Sí, si he visto las noticias...
- Manuela: ¿Lo ves, mamá? Siempre haciendo el ridículo.
- Irene: ¡Que me olvides!
- Manuela: ¡Idiota esta...!
- Irene: Pues tú eres una consentida, para que lo sepas.
- Manuela (cambiando de tema): Bueno César, ¿quieres un café?
- César: No me vendría mal.
- Irene: Pues te vas al Star Wars (refiriéndose al Starbucks). O mejor, iros a tomar por el culo, que yo voy a comprar ropa cara.
- Manuela: Y quién te lo impide...
- Irene: Pues por eso mismo. Hasta luego (en tono chulesco).

Tras mirarse mutuamente Manuela y César extrañados por tanto enfado, Irene se dirigía a la casa de la tía de Manuela, Toñi. Allí, estuvo haciéndole una visita.

- Irene: Prenda, yo no sé qué hacer con la mujer esta...
- Toñi: Pues hazle algo que le obligue a dártelos, sí o sí.
- Irene: Ya, ¿pero con qué?
- Toñi: Ah, eso lo tendrás que pensar por tu cuenta.

Entonces Irene asintió con la cabeza y se largó. Unos minutos después, Toñi salía para ir al trabajo, cuando de pronto Irene se le cruzó por medio con su coche y la atropelló.

- Irene: ¡Ah! ¡Pero qué has hecho, Toñi!
- Toñi: ¡Pero si has sido tú!
- Irene: Sube al coche, te llevaré conmigo al hospital.
- Toñi (en ironía): Sí, ahora mismo me levanto y lo hago corriendo.
- Irene: Cuidado, la tiquismiquis... Anda, agárrate a mí y te montaré yo misma.
- Toñi: Qué menos que eso...
- Irene: ¿Que qué?
- Toñi: Nada, es una expresión. ¡Vámonos ya, hombre!

Mientras, en un banco cerca de allí se llevaba a cabo un robo a mano armada.

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