El aire estaba cargado de humo asfixiante y del hedor de cuerpos putrefactos y de carne quemada. Jonathan y José distinguieron el estampido de unos cuantos disparos en el interior del edificio de la prisión, pero fueron muy pocos. La batalla se había acabado, y los guardias habían sido derrotados, al menos de momento.
- José: (asustado) ¿Y ahora qué?
- Jonathan: ¿Bromeas? ¡Ésta es la oportunidad que esperábamos!
- José: Si tú lo dices...
- Jonathan: Confía en mí. Luego me contarás de todas formas tu plan, a ver si podemos usar algo de ello para el nuestro.
Los cadáveres comenzaron a atravesar el fuego para llegar hasta ellos. Uno de ellos... ¡Era ella! Era la chica con uniforme con la que Jonathan había comenzado todo. Tenía una descarga de escopeta bastante reciente que le había arrancado la mandíbula inferior, y estaba pisando sobre fuego como si nada, mientras se le desprendía la piel de la carne. Jonathan logró al fin incorporarse, cogió una piedra de los escombros del accidente y golpeó la cabeza del monstruo una vez, haciéndola caer al suelo. Entonces colocó sus piernas entre su cuerpo y se dispuso a dar continuos golpes hasta dejarle el cráneo casi totalmente esparcido entre el césped llameante, aunque seguía viva pues sufría convulsiones sobre sí misma, y empezaba a sufrir una especie de mutación. La mayoría de los humanos infectados con el virus se habían alejado de la zona en llamas. Quizá obedecían a alguna clase de instinto primario.
- Jonathan: Vámonos de aquí, no hay tiempo.
- José: ¿Hacia dónde?
Jonathan señaló la puerta que conducía a otro de los patios de la prisión.
- José: ¿Otra vez hacia adentro?
- Jonathan: ¿Prefieres quedarte y que te coman?
- José: Bien, pues vamos antes de que nos alcancen.
No se vio a ningún infectado o nada que se moviera excepto las nubes bajas que cruzaban el cielo cada vez más cubierto. Jonathan se quedó inmóvil unos instantes mientras escudriñaba con detenimiento las sombras para asegurarse de que los alrededores estaban despejados antes de dejar atrás la seguridad (o no, pues había también decenas de muertos acercándose) de la salida que tenía a la espalda. El patio que se abría ante ellos era mucho mayor que el que dejaban atrás. Había una cabaña de seguridad alargada de un solo piso a su derecha y una pared sin puertas a su izquierda, y probablemente se trataba de la parte trasera de un edificio de mayor tamaño. Se veían las llamas de un pequeño incendio a través de una de las ventanas rotas de la pared, y había muchísimos restos esparcidos entre los cadáveres tirados por el suelo. Era la prueba de que se había producido un motín, el de Jonathan y sus huestes implicadas. Justo a su derecha había una puerta cerrada, y la luz de la luna mostraba un sendero polvoriento al otro lado que llevaba hasta otra puerta cerrada…, lo que significaba que aquella prisión tenía muchos más caminos de los que los dos imaginarían desde un principio.
- Jonathan: Debemos entrar ahí para desbloquear la entrada (señalando la cabaña).
- José: ¿Cómo sabes que estará ahí?
- Jonathan: La tendrán así por seguridad para que no salieran los demás que se infectaron primero. Nosotros salimos de ese pabellón justo a tiempo de que lo sellaran. Ahora lo necesitamos para alcanzar la salida.
- José: Bien.
Jonathan llegó a la puerta de madera de la cabaña y la abrió con suavidad mientras empuñaba con firmeza una 9mm que había cogido de un guardia en el pabellón donde todo había comenzado…, y la cerró inmediatamente después de que pasara su compañero. Se decidió en cuanto vio a los portadores de virus que había dentro y que estaban rodeando la mesa para dirigirse hacia ellos.
- José: (asustado) ¿Y ahora qué?
- Jonathan: ¿Bromeas? ¡Ésta es la oportunidad que esperábamos!
- José: Si tú lo dices...
- Jonathan: Confía en mí. Luego me contarás de todas formas tu plan, a ver si podemos usar algo de ello para el nuestro.
Los cadáveres comenzaron a atravesar el fuego para llegar hasta ellos. Uno de ellos... ¡Era ella! Era la chica con uniforme con la que Jonathan había comenzado todo. Tenía una descarga de escopeta bastante reciente que le había arrancado la mandíbula inferior, y estaba pisando sobre fuego como si nada, mientras se le desprendía la piel de la carne. Jonathan logró al fin incorporarse, cogió una piedra de los escombros del accidente y golpeó la cabeza del monstruo una vez, haciéndola caer al suelo. Entonces colocó sus piernas entre su cuerpo y se dispuso a dar continuos golpes hasta dejarle el cráneo casi totalmente esparcido entre el césped llameante, aunque seguía viva pues sufría convulsiones sobre sí misma, y empezaba a sufrir una especie de mutación. La mayoría de los humanos infectados con el virus se habían alejado de la zona en llamas. Quizá obedecían a alguna clase de instinto primario.
- Jonathan: Vámonos de aquí, no hay tiempo.
- José: ¿Hacia dónde?
Jonathan señaló la puerta que conducía a otro de los patios de la prisión.
- José: ¿Otra vez hacia adentro?
- Jonathan: ¿Prefieres quedarte y que te coman?
- José: Bien, pues vamos antes de que nos alcancen.
No se vio a ningún infectado o nada que se moviera excepto las nubes bajas que cruzaban el cielo cada vez más cubierto. Jonathan se quedó inmóvil unos instantes mientras escudriñaba con detenimiento las sombras para asegurarse de que los alrededores estaban despejados antes de dejar atrás la seguridad (o no, pues había también decenas de muertos acercándose) de la salida que tenía a la espalda. El patio que se abría ante ellos era mucho mayor que el que dejaban atrás. Había una cabaña de seguridad alargada de un solo piso a su derecha y una pared sin puertas a su izquierda, y probablemente se trataba de la parte trasera de un edificio de mayor tamaño. Se veían las llamas de un pequeño incendio a través de una de las ventanas rotas de la pared, y había muchísimos restos esparcidos entre los cadáveres tirados por el suelo. Era la prueba de que se había producido un motín, el de Jonathan y sus huestes implicadas. Justo a su derecha había una puerta cerrada, y la luz de la luna mostraba un sendero polvoriento al otro lado que llevaba hasta otra puerta cerrada…, lo que significaba que aquella prisión tenía muchos más caminos de los que los dos imaginarían desde un principio.
- Jonathan: Debemos entrar ahí para desbloquear la entrada (señalando la cabaña).
- José: ¿Cómo sabes que estará ahí?
- Jonathan: La tendrán así por seguridad para que no salieran los demás que se infectaron primero. Nosotros salimos de ese pabellón justo a tiempo de que lo sellaran. Ahora lo necesitamos para alcanzar la salida.
- José: Bien.
Jonathan llegó a la puerta de madera de la cabaña y la abrió con suavidad mientras empuñaba con firmeza una 9mm que había cogido de un guardia en el pabellón donde todo había comenzado…, y la cerró inmediatamente después de que pasara su compañero. Se decidió en cuanto vio a los portadores de virus que había dentro y que estaban rodeando la mesa para dirigirse hacia ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario