Capítulo 22: Evasión a la desesperada (parte 1)

¡Zas! Se oía mientras un muerto se desprendía entre los bloques de celdas hacia abajo, dejando un reguero de sangre al estallar su cabeza contra el suelo del pabellón. Jonathan y José seguían abriéndose camino en la prisión para lograr alcanzar una salida.

- José: ¡A ese!

Gritaba José mientras disparaba con el arma del guardia a otro de ellos, haciéndolo caer con su cabeza estallada en mil pedazos. Tras ese muerto, se vislumbraba una señal de salida. Ambos se miraron decididos y cruzaron las estancias hasta llegar a un largo pasillo que recorrieron a toda velocidad, atravesando otra puerta y finalmente llegando a una bodega de carga y descarga para los alimentos y demás enseres de la cárcel para su mantenimiento. No tenían tiempo para detenerse y echar un vistazo alrededor, estaban concentrados en llegar hasta el ascensor. Jonathan y José corrieron hacia la parte trasera de la enorme estancia, teñida de un extraño color rojo, y encontraron los mandos del enorme ascensor del tipo habitual en los almacenes.

- Jonathan: Bien, ya estamos casi al final de todo.
- José: Sí.

Jonathan apretó el botón de bajada, preparado para entrar y salir pitando… Pero no ocurrió nada, excepto que se encendió una hilera de lucecitas, quizás unas veinte lucecitas, en la parte superior de la puerta. Comenzaron a parpadear y a apagarse en orden descendente. Y muy lentamente. Jonathan extendió el brazo y volvió a apretar el botón, sintiendo una aturdida incredulidad mientras el ascensor seguía descendiendo, deteniéndose en lo que le parecieron minutos en las distintas plantas.

- José: ¿Cuántos putos bloques tiene esto?
- Jonathan: ¡Paciencia, me estás haciendo perder los nervios a mí!

Justo cuando Irene y Isaac cruzaron las puertas de la fábrica, algo extraño ocurrió tras ellos. Las compuertas que servían de entrada al lugar cayeron en un profundo vacío, y casi lo acompañan nuestros protagonistas.

- Irene: ¡Dios mío!

A la vez, en distintos lugares que podían alcanzar la vista de Irene y Isaac ocurría lo mismo. Aquí y allá, cajas cayendo a la nada... Todo era absorbido, la materia del espacio alrededor de ellos se estaba convirtiendo en ausencia de elementos. Una especie de agujeros negros parecían absorber pequeñas partes del mundo, quedando un desierto en ellas. El resto parecía mantenerse, de momento. Árboles, rocas, animales, personas y demás desaparecían, mientras ellos miraban atónitos el suceso.

- Isaac: Este mundo está llegando a su fin con cada segundo que pasamos en él.

El techo también se había desprendido en parte, e incluso partes del cielo azul ahora eran profundas áreas negras en el horizonte. Allí, podía verse la cuenta atrás en marcha.

- Isaac: Nos quedan apenas diez minutos. Y creo que la única manera de alcanzar nuestra salida es vencer a ese tal José.
- Irene: ¿Y a qué esperamos entonces?

No hay comentarios:

Publicar un comentario