Jonathan se dio la vuelta y sintió deseos de gritar si tenía que esperar mucho más… y, por primera vez, echó un vistazo a la estancia en la que se encontraban. Las dos altas y anchas hileras de estanterías múltiples que recorrían el lugar de lado a lado estaban repletas de alimentos y otros utensilios de subsistencia.
- José: (en tono burlesco) ¿Tomamos algo en lo que baja?
- Jonathan: ¡Cállate ya, pesado!
Ambos se giraron de nuevo hacia el ascensor cuando el techo encima de éste comenzó a estremecerse. Jonathan dio un paso atrás, apuntando con su Magnum recién robada de un cadáver hacia el sólido panel de metal del techo justo cuando salió despedido por los aires…
- Jonathan: Pero ¿qué...? ¡Tú!
La doctora a la que suministró el virus para infectar a toda la prisión, a la que había dejado en estado de mutación cuando salieron del patio, ahora estaba convertida en un enfermizo monstruo y aterrizó delante de él. Por el modo en que echó atrás su extraña cabeza y comenzó a aullar, con un grito que ahogó el sonido de las alarmas de la prisión, Jonathan estuvo seguro de que había ido a acabar su trabajo. Matarle. José se dio la vuelta y echó a correr cuando el monstruo comenzó a andar hacia ellos, y Jonathan detrás de éste. Cada uno de sus poderosos pasos resonó en la estancia mientras el eco de su terrible aullido todavía se multiplicaba en las paredes del lugar.
- José: ¿Qué hacemos?
- Jonathan: Improvisar.
- José: ¿Sabías que se convertiría en esa cosa?
- Jonathan: No. Por algo aprovecho estas ocasiones para investigar más en ello.
- José: Será ca…
Irene corrió hacia el centro del almacén a toda leche, Isaac detrás de ella a unos metros de distancia. Una monstruosidad estaba justo encima de ellos, aunque no lograban verle porque estaba entre unas cajas sobre una pasarela. Mirando todos y cada uno de los botones y de las palancas que sobresalían de la pared de lo que parecía ser una grúa para transportar las cajas dentro del almacén, esa monstruosidad encontró una palanca de color rojo y blanco y la golpeó fuertemente. Irene y Isaac percibieron el chirrido del roce de metal contra metal en algún lugar, pero ya era tarde, cuando un ruido de acero al ser desgarrado y doblado hasta perder su forma original se oyó al fondo ante Irene y las pinzas de la grúa cayeron entre ambos, separándolos dentro del edificio.
- Irene: ¡Ah!
Irene se quedó mirando más allá de las rejas metálicas de una puerta cerrada que llevaba de regreso a las sombras… y percibió un sonido muy parecido al del hueso al chocar con el cemento, un sonido chirriante y pesado que se repitió una y otra vez. Irene divisó un atisbo de movimiento más allá de esas rejas, a unos diez metros de distancia. Era algo grande y alto, y de su silueta salían pequeñas volutas de humo que manchaban la oscuridad… y le llegó el olor acre y penetrante de algo quemado.
- Irene: ¿San Jacobos?
Aquello salió de las sombras en dirección a la parte trasera del edificio y alzó unos enormes puños achicharrados, dando un fuerte golpe contra la pared al perder el equilibrio de la caída. El suelo llegó incluso a temblar mientras Irene se daba cuenta por fin de que se trataba de José, o lo que quedaba de él…, y de que, sin duda, era un demonio surgido directamente del infierno.
- Irene: ¿San Jacobos?
Aquello salió de las sombras en dirección a la parte trasera del edificio y alzó unos enormes puños achicharrados, dando un fuerte golpe contra la pared al perder el equilibrio de la caída. El suelo llegó incluso a temblar mientras Irene se daba cuenta por fin de que se trataba de José, o lo que quedaba de él…, y de que, sin duda, era un demonio surgido directamente del infierno.
- Irene: I'm on the highway to hell… Esto… Vamos a ponernos serios.
- Isaac: (desde el otro lado de los escombros) ¡Buscaré una forma de llegar hasta a ti, aguanta!
- Irene: Qué fácil se ve todo desde fuera…


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