Capítulo 21: El regreso

- Irene: ¡Vuelve aquí! ¡Cobarde! ¡Hijo de la gran puta!

Gritaba Irene mientras corrían en su vehículo tras el de José, ambos transportes sin techo, por lo que podía vérsele perfectamente cómo de los agujeros de su cuerpo brotaban sanguijuelas.

- Isaac: Joder, sí que le tenéis cariño a ese tío. Me gusta la personalidad de tu madre.
- Manuela: Pues serás el único en el mundo... Tengo una historia atrás ya con ese tío, por desgracia.
- Irene: Los cojones, si yo soy un amor. (mientras mira a Isaac) Tú y yo en otra vida no follaríamos descaradamente por las paredes de casa, ¿no?
- Isaac: Joder, he visto gente que liga a lo bestia y luego estás tú.
- Irene: Pues ya sabes. Cuando salgamos de ésta, me agarras éstas (tocándose los pechos).
- Manuela: Mamá, ¡no es el momento!

José alzó el puño y aparecieron motos desde el horizonte para pararles el paso a Isaac, Irene y Manuela. Isaac sacó el lanzagranadas con el que salvó a Irene y Manuela, Irene sacó la pistola que tenía y Manuela conducía.

- Manuela: ¡Despejad el camino!


Las personas que conducían las motos estaban infectadas de algo, pues tenían un aspecto demacrado, pero aun así conservaban la inteligencia para conducir. Uno de ellos lanzó un hacha hacia nuestros protagonistas, cuando Isaac disparó su arma y la bala alcanzó el hacha, la destrozó, y alcanzó la moto del atacante, haciéndola saltar por los aires en una explosión que alcanzó a otras dos más. Uno de los motoristas se puso junto al coche y le agarró el pelo a Irene.

- Irene: ¡Que me sueltes!

Manuela reaccionó haciendo un giro brusco al volante, haciendo chocar la moto contra unas rocas. Los trozos de carne saltaron en la cara de Irene.

- Irene: ¡Atención, hoy tenemos filete empanado (mientras dispara al motor de otra moto y hace volar a su conductor por los aires) de primera calidad! ¡Vengan! (otro disparo le alcanza en la boca a uno y la bala atraviesa la piel hasta llegar a otro más que había a unos metros de distancia, cayendo los dos en el instante) ¡Estamos de oferta!
- Isaac: ¡Increíble!
- Irene: Tengo cosas mejores (guiñándole el ojo en plan depravada).

Otro muerto saltó sobre el capó del coche dificultando la vista a Manuela y ésta, cabreada, portó su escopeta e imprimió los sesos del atacante sobre la luna del vehículo. José lanzó al suelo pedazos de carne y Manuela vio que, al pasar las motos sobre éstos, explotaban y los restos se esparcían por todo el suelo, como si de minas explosivas se trataran.

- Manuela: (mientras esquiva esos baches) Más problemas.
- Irene: Qué asco de tío.
- Isaac: ¡Acelera o lo perderás!
- Manuela: ¡Esto no corre más!
- Irene: Vaya tela, hemos ido a coger el peor cuatro latas.

Un zombi que se había agarrado previamente al coche apareció junto al cristal de Manuela y lo rompió. El coche se tambaleó del frenazo que pegó la superheroína, pero el muerto consiguió tirarla del transporte en marcha mientras Irene gritaba "¡Hija!" y Isaac tomaba los mandos del vehículo siguiendo hacia adelante.

- Irene: ¿Qué coño haces? ¡Vuelve!
- Isaac: Tu hija demostró ser la única digna de los poderes de la piedra. ¡Es Manuela Hood, joder! Si de verdad la fe que ambos tenemos en ella es cierta, saldrá de ésta y nos encontrará. Nosotros debemos ir tras José.
- Irene: ¡Mierda, joder, mierda! (mientras derribaba a tiros las últimas motos que iban tras ellos)

Irene y Isaac llegaron a un edificio que parecía una fábrica, en cuya entrada estaba situado el vehículo de huida de José.

- Isaac: Vamos allá (cargando el arma con la caja de municiones que tenía el vehículo).
- Irene: Sí (haciendo lo mismo).

Mientras, Manuela se levantaba y cuando lograba alzar la cabeza una cadena de hierro golpeaba su cara, ensuciando el suelo con su sangre. Ya pudo elevar la mirada para ver decenas de muertos alrededor de ella, todos con cadenas. Uno de ellos empezó lanzándola contra su brazo izquierdo, impidiendo que lo moviera. Después, todos a la vez. Sus brazos ya estaban cubiertos cuando comenzaron a hacer lo mismo con sus piernas, obligándole a ponerse de rodillas. Estaba perdida. Uno de ellos se acercó con un hacha para matarla. De repente, el cielo se iluminó, recordando a Manuela algo que pasó hace un tiempo cuando obtuvo sus poderes por primera vez. Los muertos miraban con detenimiento, asustados, aunque pareciera imposible que un muerto lo estuviese, pero así era. Un gran destello de luz cegó a Manuela y atravesó su cuerpo.

- Manuela: ¡Ah!

El destello le hizo iluminar sus ojos, y una descarga recorrió su cuerpo, descarga que se propagó por las cadenas de los muertos y les hizo estallar en mil pedazos, quedando la superheroína sola entre un reguero de sangre. Sus poderes habían vuelto, pero ahora Manuela yacía inconsciente en el suelo.

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