Mientras tanto, Manuela e Irene luchaban por salir del lugar en el que estaban confinadas.
- Manuela: ¡Rápido, hay que buscar por dónde han ido las sanguijuelas, quizás nos conduzcan a la salida!
- Irene: ¡Que te esperes, que no todos estamos acostumbrados a hacer tanto ejercicio!
- Manuela: Mamá, teníamos dos horas para salir de aquí. No sé cuánto tiempo llevaremos dando vueltas, pero todo es limitado.
- Irene: Como tu inteligencia.
- Manuela: No voy a discutir.
- Irene: Porque te ganaría.
- Manuela: (en tono irónico) Claro.
Ambas dieron vueltas por distintas estancias de la mansión sin encontrar nada hasta que llegaron a un estrecho pasillo del cual provenía una tenue luz.
- Manuela: Ya era hora de llegar a algo en la vida.
- Irene: Tú qué vas a llegar... Ni a la vuelta de la esquina, perra.
Un fuerte golpe provino de aquel lugar y las dos se quedaron mirando.
- Manuela: Habrá que acercarse, ¿no?
- Irene: Sí, hombre. Los cojones. Yo me quedo aquí.
- Manuela: Está bien. Iré yo.
- Irene: Así me gusta, con iniciativa.
Manuela atravesaba en silencio el pasillo, cuando de repente...
- Irene: (cantando) Son mis condones na na na na na na, por encima de todas las cosas...
- Manuela: ¿Qué haces?
- Irene: Uy.
Una vez más, la superheroína cruzaba y en el transcurso había varias habitaciones abiertas a ambos lados.
- Manuela: Mira, haz algo y registra mientras en busca de cosas útiles.
- Irene: Mira, igual tienen váter, que tengo que cambiarle el agua al canario.
- Manuela: A todo le sacas algo absurdamente gracioso.
- Irene: Gracias. Tú también me pareces muy absurda, la verdad.
Manuela llegó a la puerta, que estaba marcada con la letra A, y bajo ella, la inscripción "simul in sempiternum" y un hueco donde podría encajarse algo. Se trataba de una estancia bastante grande, pero que apenas iluminaba una lámpara cuya luz habían visto las dos de lejos. A su vez, Manuela pudo observar que una sanguijuela se largaba de allí por el hueco de una puerta que estaba justo al fondo de la habitación, delatando el camino a seguir.
- Manuela: ¡Mamá, ya sé por dónde debemos ir!
- Irene: (voz de fondo) ¡Ya era hora!
Irene se acercó a la habitación y justo cuando iba a entrar, la puerta se cerró entre las dos.
- Manuela: Pero ¿qué?
- Irene: ¡Eh! ¡Eh!
- Manuela: (aporreando la puerta e intentando abrirla de todas las maneras posibles) Mamá, tendrás que buscar una forma de llegar hasta a mí.
- Irene: ¡Joder!
En esos instantes algo se cayó tras Manuela, asustándola. Se giró para ver la causa del suceso, pero no había nada... Excepto una gran mancha en el suelo, como de aceite.
- Manuela: ¿Qué es eso?
No hay comentarios:
Publicar un comentario