Capítulo 20: Cuenta atrás

- Irene: Tenemos que salir de esto puta mierda en la que estamos metidas.
- Manuela: Y pronto. Nos queda media hora.
- Irene: ¿Pero las dos horas no eran para salir de aquel edificio?
- Manuela: No lo creo.
- Irene: ¿Cómo lo sabes?
- Manuela: Mira.

La superheroína señaló al cielo, donde hasta ahora no se habían dado cuenta de que había un gran temporizador gigante corriendo hacia atrás y tenían las horas contadas.


- Irene: Más bien los minutos, porque no llega ni a una hora.
- Manuela: ¿Con quién hablas?
- Irene: ¿Eh?
- Manuela: Que con quién...
- Irene: Bah, déjalo, paridas mías.
- Manuela: Estoy encerrada en un circuito de pruebas con una loca.
- Irene: Gracias, prenda. Yo también te quiero.
- Manuela: No era un cumplido.
- Irene: O te callas o te meto un palo por el coño hasta que sangres, que ahora no tienes poderes.
- Manuela: Tranquilízate, debemos colaborar para salir de aquí.
- Soldado: (apareciendo tras ellas y hablando en otro idioma) Ruhig!
- Irene: ¿Qué dice este gilipollas?

En ese momento el soldado las apuntó con un arma extraña, de extremos puntiagudos y con un cañón alargado.

- Irene: (en tono chulesco) ¡Wow, es increíble, Mike!
- Manuela: Mamá, creo que nos están deteniendo.
- Irene: Mierda.

El soldado, que llevaba una esvástica nazi en su hombro, las conducía a un pueblo cercano al bosque, apuntándolas mientras decía cosas que ninguna de las dos alcanzaba a entender.

- Irene: ¡Tú más, por si acaso!
- Manuela: ¡Mamá, vas a conseguir que nos maten!
- Irene: Hombre, ¿quién te dice que no nos está poniendo a parir sin que nos demos cuenta? ¿Eh?
- Manuela: ¡Calla, por favor!
- Irene: Ni muerta.

Al llegar a la plaza del pueblo, las dos fueron puestas junto a otros detenidos que estaban amarrados esperando a algo.

- Manuela: Esto no me huele bien.
- Irene: La verdad es que no, se me acaba de escapar un pedete con el estrés.
- Manuela: No me refería a eso, ¡joder!
- Irene: Madre mía, no se le puede decir nada a la señora.
- Soldado: Steh auf!

En ese momento, todos los maniatados se pusieron de pie, y Manuela e Irene también al verlo.

- Irene: Agáchate, y vuélvete a agachar, que los agachaditos no saben nadar...
- Manuela: (susurrando) ¡Cállate ya!
- Irene: ¡Que son los nervios!

A continuación de lo que dijo el soldado, el que pareciera el comandante de éstos se acercó por un extremo y todos le saludaron.

- Soldados: Heil Hitler!
- Irene: Hola, ¿qué tal tú también?
- Manuela: (gritando) ¿Te quieres callar de una puta vez?

En ese momento el comandante las miró y todo se sumió en un profundo silencio. Solo el cantar de los pájaros aplacaba esa calma, mientras el jefe de los soldados se acercaba lentamente. Dio un último paso colocándose justo delante de Irene, mirándola fijamente con un rostro sombrío en sus ojos.

- Irene: Mírale, con ese peinado que parece que le ha lamido el pelo una vaca.
- Comandante: Schießen diese beiden.
- Irene: Tu puta madre.

Los soldados apartaron al resto de personas de Irene y Manuela.

- Irene: Hija, ¿ves cómo tenías que hacerme caso a mí? Que nunca me haces caso. Claro, como a veces se me va la olla... Pero eso no quiere decir que no sea una diosa. Nos acabo de salvar el culo.

Entonces, los soldados apuntaron sus armas contra ellas y las cargaron. Estaban esperando la orden para abrir fuego.

- Irene: Mierda.

El comandante parecía dar unas órdenes en alemán.

- Comandante: Vorbereitungen... Punkt...
- Irene: (escuchando la última palabra) ¡Pim, pam, pum!
- Manuela: Creo que es precisamente lo que nos van a hacer.
- Irene: (una vez más) ¡Mierda!

Y justo en ese momento una ráfaga de disparos de lanzagranadas pasó por sus cabezas, pero no procedentes de los soldados sino de alguien que los disparó tras ellas, contra ellos, matándolos a todos. Una persona vestida con atuendos de guardia de seguridad apareció tras el humo de las explosiones, acercándose a las chicas mientras el resto de presos huía aprovechando el barullo.

- Manuela: ¿Vas a matarnos?
- Guardia: No.
- Irene: ¿Y tú quién coño eres? A ver, no te ofendas porque me acabas de salvar y ya solo por eso te debo un polvo.
- Guardia: Mi nombre es Isaac...Y la verdad, no sé cómo llegué aquí. Lo último que recuerdo es que me acostaba por la noche en mi cama. Creía que todo esto era una alucinación producto de un golpe, puesto que cuando desperté me dolía la cabeza, pero no. Hace cosa de hora y media abrí los ojos y...
- Irene: (interrumpiéndole) Te habló una voz para decirte que tenías dos horas para escapar.
- Isaac: ¡Exacto! El caso es que pude salir, pero enfrentándome a...
- Irene: Monstruos sin alma y unas sanguijuelas que huían de ti.
- Isaac: ¡Sí! Y todo esto me tiene tan...
- Irene: Sumamente cachondo.
- Isaac: Iba a decir extrañado.
- Irene: Ah, cierto.
- Isaac: Bueno. El caso es que sea lo que sea, creo que cuando esa cuenta atrás llegue a cero, si no hemos salido...
- Irene: Quizás todo tenga que ver con sanguijuelaman.
- Isaac: Le seguí el rastro hasta llegar aquí mismo.
- Irene: ¿Y dónde...? ¡Ah!

Irene se agachó al ver que unos tentáculos se dirigían hacia ella procedentes del cadáver del comandante que ahora se revelaba con el aspecto de José, el enemigo de Manuela.

- Manuela: ¡Tú! ¿Pero cómo...?
- Irene: Las sanguijuelas eran tu mayor temor, ¿no? Hija, creo que ahí está nuestro objetivo, entonces.

El cuerpo a medio descomponer debido a las explosiones se arrastró hasta un vehículo y emprendió la huida.

- Isaac: ¡Si tu teoría es cierta tenemos que atraparlo!
- Irene: ¡Vamos!

Los tres se dirigieron hacia otro vehículo y fueron tras él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario